EL SECUESTRO ALGORITMICO DE LAS REPÚBLICAS

Maximiliano Londoño Penilla no es un economista convencional de esos que se pierden en las frías abstracciones de los mercados especulativos. Graduado de la Universidad del Valle (Cali, Colombia), ha dedicado su vida a la docencia, la investigación y el análisis estratégico desde una trinchera muy diferente: la Economía Física, esa ciencia que mide la riqueza de una nación no por sus papeles financieros, sino por su capacidad real para elevar el bienestar humano a través de la ciencia, la tecnología y la innovación.

Su trayectoria demuestra que las ideas son herramientas de transformación material. Durante más de tres décadas (1977-2009), Maximiliano descifró los hilos del poder global, los grandes proyectos de infraestructura y la seguridad internacional como corresponsal en Colombia de la prestigiosa revista estadounidense Executive Intelligence Review (EIR). Su agudeza estratégica lo llevó al sector público como asesor económico del ministro de Trabajo y Seguridad Social, Jorge Carrillo, y a profundizar su visión en la Escuela Superior de Guerra (CIDENAL).

Pero Maximiliano no se queda en el diagnóstico del desastre actual; él diseña soluciones tangibles. Como autor del libro Prometeo liberado. La economía física enfrenta al casino financiero, y desde la dirección del Instituto BRICS, China, Colombia, plantea con valentía la integración de nuestro país en la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China (Belt and Road Initiative). Su voz es un referente en la edificación de un orden mundial cooperativo, justo y equiestatal, donde todas las naciones tengan el mismo derecho a acceder a la ciencia avanzada para el desarrollo soberano de sus pueblos.

Convencido de que el verdadero motor del progreso reside en la mente humana, Maximiliano rompe las fronteras entre disciplinas con el proyecto MUGALTAC (Museo, Galería, Taller, Laboratorio de Arte, Ciencia, Tecnología y Ciudadanía). A través de esta iniciativa, ha liderado programas de formación artística y mentorías en tecnologías de la cuarta revolución industrial en alianza con instituciones como el UNLAB4.0 (laboratorio de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional, Bogotá), el IDARTES y el IDPAC.

APÉNDICE 11 DEL LIBRO “PROMETEO LIBERADO: LA ECONOMÍA FÍSICA SE ENFRENTA AL CASINO FINANCIERO”. POR MAXIMILIANO LONDOÑO 

EL TECNOFEUDALISMO Y EL CONTROL DE DATOS COMO INSTRUMENTOS DE DOMINACIÓN GLOBAL: UNA EVALUACIÓN DESDE LA ECONOMÍA FÍSICA

 

I. Introducción: De la utopía digital a la servidumbre algorítmica

El despliegue global de las tecnologías de la información a finales del siglo XX fue presentado bajo una narrativa idílica de emancipación y descentralización democrática. Sin embargo, en las primeras décadas del siglo XXI, esa promesa fundacional ha involucionado hacia la construcción de una cárcel digital asimétrica. Los gigantes tecnológicos de Silicon Valley han estructurado un andamiaje global de vigilancia masiva que extrae, procesa y usufructúa el comportamiento de la humanidad. El debate contemporáneo ya no gira en torno a los beneficios de la hiperconectividad, sino a la caracterización de un nuevo régimen de acumulación que diversos autores denominan tecnofeudalismo, donde el control absoluto de los datos opera como el instrumento definitivo de dominación e imposición política.

II. El mecanismo de la manipulación digital y las tesis de la dominación

La mutación del capitalismo tradicional hacia el control cibernético no es una anomalía del mercado, sino un diseño operativo orientado a sustituir la producción material por la extracción de rentas y la modificación de la conducta humana. A través de la literatura crítica contemporánea, se identifican tres grandes ejes en el funcionamiento de esta maquinaria:

1. La mutación de los mercados en feudos digitales (Yanis Varoufakis)

En su obra Tecnofeudalismo: El sigiloso sucesor del capitalismo (2023), el economista Yanis Varoufakis sostiene que las bases del sistema económico han mutado de forma radical:

“El capitalismo ha muerto a manos de su propia evolución técnica. La base del sistema ya no es la ganancia derivada de la producción de mercancías y el trabajo asalariado (capitalismo), sino la extracción de rentas digitales.”

Bajo esta lógica, empresas como Amazon o Google no operan como simples participantes de un mercado competitivo; ellas son el mercado. Estas corporaciones actúan como señores feudales de la era moderna, cobrando peajes y comisiones (rentas) a los capitalistas tradicionales por el derecho a vender dentro de sus plataformas, mientras que la población mundial opera bajo la condición de “siervos digitales” que trabajan de forma gratuita produciendo el contenido, las interacciones y los datos que incrementan el valor del feudo.

2. La era del capitalismo de la vigilancia y los futuros conductuales (Shoshana Zuboff)

La socióloga Shoshana Zuboff, en La era del capitalismo de la vigilancia (2019), desentraña el combustible material de este modelo: los datos personales. Su tesis central demuestra que el rastro digital residual de la navegación de los usuarios no se utiliza simplemente para mejorar la experiencia del internauta, sino que es reclamado como materia prima gratuita.

Este rastro es procesado por algoritmos avanzados de inteligencia artificial para confeccionar “productos de predicción” sobre la conducta humana. Estos productos se comercializan en un nuevo mercado de “futuros conductuales”, donde los clientes de las Big Tech no compran mercancías, sino la certeza de saber qué pensará, qué comprará y por quién votará un individuo en un momento determinado.

3. La opacidad de las cajas negras y las armas de destrucción matemática (Cathy O’Neil)

La manipulación de datos requiere un manto de infalibilidad científica para operar sin resistencias políticas. En Armas de destrucción matemática (2016), Cathy O’Neil demuestra cómo los modelos algorítmicos que deciden la asignación de créditos, la selección de personal o el acceso a seguros médicos actúan como “cajas negras” opacas.

“Los modelos matemáticos de optimización no son objetivos; por el contrario, empaquetan prejuicios humanos y amplifican las desigualdades estructurales.”

Esta opacidad impide que el ciudadano pueda apelar las decisiones de la máquina, castigando de forma sistemática a los sectores más vulnerables bajo la premisa de una supuesta neutralidad técnica.

4. La batalla por la atención y la erosión soberana (Frenkel, Kang, Jalife-Rahme, Di Cesare y Barroso)

El control conductual tiene consecuencias directas sobre la estabilidad institucional y la geopolítica mundial. En Manipulados (2021), Sheera Frenkel y Cecilia Kang exponen que la búsqueda obsesiva de monetizar la atención individual obligó a las corporaciones a priorizar algoritmos de polarización y noticias falsas, demostrando que el modelo basado en la vigilancia es incompatible con la preservación “democrática”.

A nivel internacional, Alfredo Jalife-Rahme advierte en La invisible cárcel cibernética (2019) que este monopolio del ecosistema digital funciona como un panóptico del complejo tecnológico-militar angloamericano, capaz de doblegar la soberanía cultural y política de los Estados periféricos sin desplegar fuerzas militares en el territorio. Esta gestión técnica de la sociedad es calificada por Donatella Di Cesare en Tecnofascismo (2025/2026) como el vaciamiento interno de las repúblicas para sustituirlas por la pura administración del miedo y el control informático. Finalmente, Alán Barroso en Civilización o barbarie (2026) plantea que la disolución de los lazos comunitarios provocada por la fragmentación algorítmica empuja a la humanidad hacia un escenario de “sálvese quien pueda” controlado por corporaciones privadas.

III. Anatomía de la inducción de narrativas y el fraude electoral algorítmico

Para el ciudadano común y corriente, la manipulación digital no se presenta como una agresión visible, sino como una sugerencia sutil en la pantalla de su teléfono. Las grandes plataformas no te obligan a cambiar de opinión; en su lugar, alteran el ecosistema de información que te rodea para que de manera “voluntaria” llegues a las conclusiones que ellos han prediseñado. Esto se logra mediante la inducción de narrativas y la arquitectura de la polarización.

El primer mecanismo concreto es el “bucle de retroalimentación de la atención” (mecanismo que prioriza el contenido que genera respuestas viscerales). Si un usuario hace clic en una noticia sobre inseguridad, el algoritmo de la plataforma —diseñado exclusivamente para mantenerlo conectado la mayor cantidad de tiempo posible— comenzará a inundar su muro con videos de asaltos, disturbios y discursos alarmistas. En pocas semanas, la percepción del ciudadano sobre su propia realidad habrá sido distorsionada: aunque las estadísticas del mundo real muestren estabilidad, en el universo digital del usuario el país está al borde del abismo. Las Big Tech aíslan a las personas en burbujas de filtro donde solo resuena lo que confirma sus miedos o prejuicios, eliminando cualquier espacio para el debate racional.

Esta infraestructura de control conductual alcanza su punto más peligroso cuando se despliega para manipular una elección presidencial e imponer un candidato. El proceso de ingeniería social se ejecuta a través de pasos milimétricos:

  • El perfilamiento psicométrico masivo: Utilizando los datos robados o extraídos de las interacciones cotidianas (likes, comentarios, horas de conexión, páginas visitadas), se categoriza a cada ciudadano según sus rasgos psicológicos (ansiedad, neurotisismo, sumisión, rebeldía).

  • La microsegmentación conductual profunda: En lugar de lanzar una campaña presidencial con un único mensaje para toda la nación, los algoritmos permiten fragmentar al electorado en miles de grupos microscópicos. Al votante temeroso de la crisis económica se le envían de forma exclusiva anuncios apocalípticos sobre la destrucción del empleo; al votante indignado con la corrupción se le inunda con noticias —reales o fabricadas— que exacerban su furia. Un mismo candidato puede mostrar mil rostros distintos y contradictorios a mil usuarios diferentes en el mismo segundo.

  • La supresión del voto dirigida: La manipulación no solo busca que la gente vote por el candidato de los gigantes tecnológicos, sino también evitar que los simpatizantes del rival acudan a las urnas. Mediante la difusión algorítmicamente dirigida de escándalos falsos, teorías de conspiración y mensajes que promueven el desánimo generalizado (“todos los políticos son iguales”, “el sistema está arreglado”), se induce la apatía en sectores clave de la población, alterando los márgenes de votación de manera artificial.

  • El arbitraje de visibilidad (Censura silenciosa o Shadow banning): A través de modificaciones imperceptibles en las líneas de código de las plataformas, los ingenieros de Silicon Valley pueden reducir a cero el alcance orgánico de los discursos de un candidato soberanista que proponga regular los monopolios o nacionalizar recursos estratégicos, mientras elevan artificialmente la viralidad de las narrativas que favorecen al candidato alineado con los intereses corporativos transnacionales.

El ciudadano de a pie debe advertir el peligro inminente: la democracia liberal se ha transformado en un simulacro informático. Ya no eres tú quien elige libremente a tus gobernantes; es el subastador algorítmico del feudo digital el que preselecciona tus opciones, explota tus debilidades psicológicas más íntimas y moldea tus decisiones electorales para asegurar la continuidad de su poder de rapiña global.

IV. Análisis crítico desde la perspectiva de la Economía Física

Para evaluar con rigurosidad científica el fenómeno del tecnofeudalismo, es indispensable abandonar el análisis puramente nominal de las hojas de balance de Silicon Valley y recurrir a la Economía Física. Desde este enfoque metodológico, la riqueza de una nación no se mide por la cantidad de bits acumulados en servidores ni por la valoración bursátil de las plataformas digitales, sino por la capacidad del aparato productivo material para elevar la densidad de flujo energético y garantizar la supervivencia a largo plazo de la población humana a niveles cualitativamente superiores de desarrollo.

Desde la perspectiva de la Economía Física, la manipulación de datos y la economía de plataformas son evaluadas bajo las siguientes premisas fundamentales:

1. La destrucción del valor material por la vía de la renta especulativa

La Economía Física traza una línea divisoria inquebrantable entre el crédito público productivo —dirigido a la creación de infraestructura dura (energía nuclear, transporte ferroviario de alta velocidad, complejos metalúrgicos)— y las actividades puramente financieras u orientadas a la extracción de rentas. El tecnofeudalismo representa el triunfo de la economía de casino sobre la economía física real.

Al igual que la Escuela Neoclásica en sus vertientes de Cambridge o Lausana redujo la ciencia económica a decisiones psicológicas individuales de mercado, las Big Tech operan bajo la ficción de que la manipulación de información es equivalente a la generación de riqueza. Para la economía física, las plataformas digitales de servicios actúan de forma similar al arbitraje especulativo: no añaden valor calórico, material ni energético a los bienes reales; simplemente se apropian de un porcentaje de la riqueza generada por los sectores manufactureros y agrícolas. El desvío de billones de dólares de capital de inversión hacia el desarrollo de aplicaciones de entrega a domicilio o software de vigilancia predictiva descapitaliza de forma directa la renovación de las plataformas de infraestructura física dura que la sociedad requiere para evitar el colapso termodinámico.

2. La violación de las leyes de la termodinámica en la economía de la información

Los teóricos de Silicon Valley suelen afirmar que la economía digital es “inmaterial”, verde y desprovista de las fricciones de la vieja industria pesada. Esta es una falacia física elemental. La infraestructura que soporta la “nube” y el procesamiento algorítmico masivo exige un consumo colosal de energía eléctrica real y genera una inmensa huella termodinámica en forma de disipación de calor residual.

Al concentrar el esfuerzo científico en optimizar algoritmos de adicción conductual en lugar de elevar la densidad de flujo energético global (por ejemplo, mediante el desarrollo de reactores nucleares de cuarta generación o la investigación en fusión confinada), el tecnofeudalismo actúa como una faja metálica. Condena a las economías nacionales a un estado estático y estancado, asumiendo un universo cerrado donde los recursos físicos reales decrecen mientras los registros contables y de datos de las corporaciones se expanden de manera ilusoria.

3. El asalto a la creatividad cognitiva humana

El postulado fundamental de la Economía Física es que el motor real del desarrollo económico es la capacidad de la mente humana para descubrir nuevos principios físicos válidos sobre el universo físico. Estos descubrimientos rompen los supuestos equilibrios estáticos y reconfiguran las tecnologías de producción, incrementando la productividad físico-general de la sociedad.

El tecnofeudalismo ejecuta un asalto directo contra esta facultad cognitiva. Al diseñar plataformas orientadas de forma deliberada a secuestrar la atención de la población —especialmente de los jóvenes— a través de la gratificación instantánea, la polarización y la simplificación del pensamiento, los algoritmos de vigilancia destruyen el potencial creativo de la fuerza de trabajo. La manipulación conductual reduce la mente del ser humano a un vector adaptativo y pasivo que reacciona de manera predecible a estímulos exógenos. En lugar de formar ingenieros, científicos espaciales y constructores de naciones, la economía de datos transforma a los ciudadanos en consumidores pasivos de entretenimiento digital y mano de obra precarizada para la logística de distribución.

4. El socavamiento de la soberanía nacional y la planificación del desarrollo

Un Estado soberano requiere controlar sus instrumentos de emisión crediticia y poseer una visión estratégica a largo plazo para edificar la infraestructura básica que los mercados privados jamás financiarán por sí solos, dado que sus ciclos de maduración toman generaciones en completarse.

El control oligárquico de los datos debilita esta capacidad de planificación de dos maneras:

  • Monopolio de la información estratégica: Las corporaciones tecnológicas poseen más datos empíricos sobre el comportamiento, las necesidades y las debilidades de la población de una nación que el propio Estado soberano, lo que neutraliza la efectividad de las políticas públicas locales.

  • Imposición de agendas desindustrializadoras: A través de la censura algorítmica y la manipulación de la opinión pública, las redes tecnofeudales imponen visiones contrarias a los grandes proyectos de desarrollo de infraestructura pesada o energía nuclear, catalogándolos de obsoletos ante la “nueva economía del conocimiento”. Esto desarma a las naciones del Tercer Mundo, forzándolas a paralizar su industrialización real y dejándolas a merced de la especulación internacional.

V. Conclusión: El imperativo extraplanetario frente al estancamiento feudal

El tecnofeudalismo y la manipulación de datos a gran escala representan la consumación de una economía nominal y subjetiva que ha abandonado las métricas materiales de la realidad. Mientras la sociedad global sea inducida a creer que el progreso se mide por la velocidad de navegación en redes o la sofisticación de un algoritmo de inteligencia artificial que predice el consumo, la infraestructura física que sostiene la vida humana continuará sufriendo depreciación y desgaste físico acelerado.

Para la Economía Física, el verdadero antídoto frente a la barbarie feudal digital no consiste en la simple regulación de los monopolios de Silicon Valley, sino en una transformación cualitativa del modelo económico: el retorno a la soberanía del Estado en la emisión de crédito público productivo para el desarrollo de la ciencia y las grandes obras de infraestructura. Solo mediante saltos tecnológicos de fase que elevarán de manera real la densidad de flujo energético y asumiendo un imperativo de expansión científica —mirando hacia el desarrollo industrial de la Tierra y la exploración aeroespacial profunda— será posible romper el Corsé Técnico de la vigilancia cibernética y liberar el potencial creativo de la humanidad del cautiverio algorítmico. Toda nación debe garantizar la soberanía y cuidado de los datos de sus ciudadanos, de otra forma, a través de Silicon Valley, Estados Unidos impondrá sus presidentes-virreyes.  



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